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☑️ ¿Qué Le Pasa A Tu Cuerpo Cuando Comes Demasiado?

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La ingesta de grandes cantidades de alimentos, conlleva a disponer de reservas calóricas, más allá de las requeridas. Esta sobreingesta de alimentos, puede realizarse de forma consciente o de forma pasiva o inadvertida. En los últimos meses, por efecto de la cuarentena, muchas personas, han incurrido en una alimentación excesiva. Existen muchos factores, que pueden propiciar esta peligrosa tendencia, muchos de ellos, asociados a estilos de vida actuales. Los cuales incluyen, la ingesta de alimentos baratos y una propensión a la vida sedentaria. La mayoría de estos alimentos están representados por la comida chatarra que conocemos, alta en grasa y en calorías.

Vale destacar, que estos factores deben ser analizados en su conjunto, pues la tendencia a comer más allá de la saciedad, no es algo exclusivo de la situación de la cuarentena. Desde hace años, se vienen realizando, muchos estudios metabólicos, incluyendo también análisis epidemiológicos y ecológicos. Ello, ha permitido establecer, la existencia de asociaciones estrechas, entre la dieta, actividad física y consumo excesivo de energía. Este tema se coloca sobre el tapete, debido a la inquietud mostrada, por una seguidora de Argentina. Ella, ha estado un poco preocupada porque en ocasiones, incurre en ciertos excesos en el consumo de alimentos. Y ella misma se asombra, pues muchas veces, sigue comiendo aún después de estar saciada. Su solicitud, giró principalmente en torno a las consecuencias que tiene para su salud, este comportamiento inusual.

Luego de su solicitud, recopilé cierta información que consideré relevante que le permitiera comprender la magnitud, de la sobrealimentación. Además, incluí, un listado de los efectos adversos de esta conducta, además de ciertos hallazgos puestos al descubierto por la ciencia.  Pensando que, posiblemente conozcan a alguien que experimenta esta situación, decidí entregar un artículo a través de mi página.

Una mirada al sobreconsumo de alimentos

Por lo general, la ingesta de alimentos por encima de la saciedad, a corto plazo, es un hábito muy común. Este comportamiento, es muy frecuente en celebraciones y banquetes. Pero, cuando este comportamiento, se mantiene durante periodos prolongados, se pone en riesgo lastra salud. Esta conducta, puede ser considerada como un trastorno clínico, que induce a comer aún sin hambre. Sus orígenes, son diversos. Los más comunes son: factores genéticos, situaciones de estrés y situaciones emocionales negativas. Dentro de las que destacan: angustia, decepción, ira y tristeza. Por ello, el apetito está influenciado por el equilibrio, entre el gasto metabólico y conductual.

De acuerdo a los investigadores, el apetito crea enlaces, entre los elementos internos de nuestro cuerpo y los externos. Esto significa, que está conformado por diversos aspectos, dentro de los que destacan los conductuales o psicológicos y los biológicos. Por ello, es importante, tener en cuenta que el control del apetito, posee los siguientes elementos:

  • El desencadenante del impulso para comer (hambre)
  • La elección acerca que alimentos voy a ingerir
  • El control sobre la finalización de ingerir alimentos
  • La cantidad de alimentos a consumir

Se ha detectado, que la obesidad, puede originarse, a partir de un deseo irreprimible de comer. Aunado a su vez, a predilecciones por alimentos procesados. Por lo general, existe una alta variabilidad entre las personas, en cuanto a la magnitud y canalización de dichas elecciones. Pudiendo incluso, hablarse acerca de la existencia de subtipos. Uno de ellos, puede ser uno denominado de alta saciedad. Por ello, para poder entender el sistema del apetito, deben considerarse ciertas variables clave. A saber, el gasto energético total, incluyendo el gasto metabólico en reposo, como el gasto metabólico conductual (sedentarismo y actividad física).

Efectos de la sobrealimentación en el organismo 

De acuerdo a los expertos, la sobrealimentación, hace referencia a la ingesta excesiva de energía. Esto, en muchas ocasiones, puede desencadenar condiciones clínicas severas. Así, en pacientes sometidos a soporte nutricional, pueden presentarse una alta producción de dióxido de carbono e hiperglucemia (exceso de glucosa en la sangre). Además de ello, se pueden generar procesos de dislipidemia (aumento de colesterol y lípidos en la sangre) e hígado graso.

A su vez, en personas sanas, ocurren algunos efectos adversos:

1. Acumulación de grasa corporal

La sobreingesta de alimentos, conlleva a una mayor acumulación de energía y de grasas. Y como sabemos, una mayor acumulación de grasa en el cuerpo conduce al aumento de peso y la obesidad. No se debe olvidar, que el balance de calorías, es el equilibrio que se establece, entre la cantidad de calorías consumidas y las utilizadas.  Si este comportamiento, se mantiene durante un periodo prolongado, se llega a desarrollar inicialmente sobrepeso, que puedo luego transformarse en obesidad.

2. Alteración de los procesos de regulación del hambre

Como se ha visto en otras ocasiones, existen dos hormonas muy importantes relacionadas con el proceso de alimentación. Ellas son, la grelina y la leptina. La grelina se produce y se libera a nivel del estómago. Sin embargo, hay pequeñas cantidades que también se liberan a nivel del cerebro, intestino delgado y páncreas. Ella realiza numerosas funciones y normalmente es conocida como “hormona del hambre”. Esto se debe a la capacidad de esta hormona de estimular el apetito, favorece el aumento de la ingesta de alimentos y promueve el almacenamiento de grasa. Luego de la ingesta de alimentos, la leptina es la responsable de indicar a nuestro organismo que estamos saciados.

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Sin embargo, la ingesta excesiva de alimentos, sobre todo los altamente procesados con altos contenidos de grasas saturadas, grasas trans, sal y azúcar, favorecen la liberación de hormonas de satisfacción como la dopamina. Esta hormona, actúa directamente en los centros de placer del cerebro. Luego, con el paso del tiempo, el cuerpo, puede establecer relaciones entre este tipo de alimentos y sensaciones de placer. Y esto puede acarrear consecuencias sobre una alteración de los procesos que regulan el apetito. Se ha observado, que cuando se interrumpe la producción de estas hormonas, se puede desencadenar un proceso peligroso de la ingesta de comida en exceso.

3. Incremento del riesgo de enfermedades

Como se dijo en párrafos precedentes, ingerir eventualmente, alimentos por encima de los niveles de saciedad, posiblemente no traiga consecuencias. Sin embargo, si esta conducta se repite de forma constante, puede llegar a generar obesidad. Y como se sabe, la obesidad, viene asociada a una serie de enfermedades metabólicas, cardiovasculares y cerebrales. Puede desencadenar procesos de diabetes e incluso accidentes cerebrovasculares.

En algunas oportunidades, la obesidad, definida como un índice de masa corporal (IMC) de 30 o más, condiciona fuertemente, los factores de riesgo del síndrome metabólico.  Por lo general se presentan como tensión arterial elevada, resistencia a la insulina y procesos inflamatorios. De hecho, se ha observado que la sobrealimentación, es un disparador muy importante de la resistencia a la insulina y de elevados niveles de colesterol malo (LDL). De no controlar esta patología, se puede desencadenar la diabetes tipo 2.

Se sabe además, que la ingesta excesiva de alimentos, sobrecarga el funcionamiento, de diferentes órganos del cuerpo. Así, el estómago, el hígado y los riñones, funcionan por encima de sus capacidades. Esto es contraproducente para su adecuado funcionamiento, provocando a la larga, un desequilibrio y mal funcionamiento de estos órganos.

4. Desequilibrio en el funcionamiento del sistema nervioso central

La ingesta excesiva de alimentos, ha estado muy vinculada con el deterioro de los procesos mentales en personas de la tercera edad. De hecho, estudios realizados en adultos mayores con sobrepeso y con peso normal, han permitido, demostrar algunos elementos interesantes. Encontrando, que los que poseían sobrepeso, asociado a una ingesta excesiva de alimentos, presentaban un mayor deterioro mental. Incluso, se ha observado la presencia de una disminución de los niveles de concentración.

5. Generación de náuseas

Muchas personas, que tienden a comer en exceso con regularidad, suelen padecer de procesos de indigestión y náuseas. De acuerdo a los expertos, el estómago de una persona adulta, cuando está completamente vacío, posee una capacidad de 75 ml y puede llegar a expandirse con la ingesta de alimentos, a unos 950 ml. Por supuesto, estos números pueden variar en función del tamaño de la persona y de la cantidad de alimentos que acostumbra a comer. Por ello, cuando ingerimos abundante comida y el estómago comienza a alcanzar su capacidad máxima, se pueden experimentar náuseas o indigestión. Incluso, en casos más severos, las náuseas, pueden producir vómitos, que servirían como válvula de escape, a la presión aguda presente en el estómago.

6. Propensión a la producción de gases y flatulencia

Los excesos de grasa de mala calidad, así como de altos niveles de bebidas carbonatadas, o con altos contenidos de fructosa o jarabe de maíz, llevan a eructar o regoldar. Además de ello, excesos de bebidas lácteas, jugos de frutas, helados, yogur, cereales y aderezos de ensaladas, pueden causar flatulencia. La flatulencia a diferencia de lo eructos, causa flatos y se genera a nivel intestinal. Así, mediante los eructos y la emisión de flatulencias, se logra un cierto alivio de la distensión abdominal. También, cuando comemos más allá de nuestra capacidad, se tiende a comer con mayor prisa y esto, provoca una mayor entrada de aire, al sistema digestivo.

7. Somnolencia

Loa alimentos ricos en grasas y carbohidratos, producen la disminución de una hormona denominada orexina o hipocretina. De acuerdo a los investigadores, esta hormona posee la función de mantener nuestro organismo en estado de alerta y favorecer la regulación del equilibrio de sueño y vigilia. Este efecto, se produce de forma contraria, cuando se ingieren proteínas. Existen además, otro grupo de alimentos, que ayudan a disminuir los niveles de melatonina. Esta hormona, producida a nivel cerebral, ayuda a que nuestro cuerpo se relaje, además de promover el sueño. Alimentos como el maíz, arroz, cerezas, plátano, fresas, tomate y el vino tinto, pueden incrementar la sensación de somnolencia.

Investigación reciente evalúa los efectos de la ingesta excesiva de alimentos

A finales del mes de julio 2020, investigadores del Centro de Nutrición, Ejercicio y Metabolismo de la Universidad de Bath, Reino Unido, presentaron interesantes resultados de un estudio. El mismo, fue publicado en la revista British Journal of Nutrition y mediante él, se mostraron elementos relevantes del metabolismo. Mediante este estudio, se investigaron, las respuestas metabólicas, endocrinas, del apetito y del estado de ánimo. Los resultados, provinieron de la comparación de los efectos de la alimentación, sobre un grupo de 14 hombres sanos. Sus edades, estuvieron comprendidas entre 22 y 37 años. A todos ellos, se les dio a comer un alimento conformado por macronutrientes mixtos, es decir ingirieron pizza. Este estudio, es el primero en estudiar, los efectos de ingerir alimentos a capacidad máxima. El mismo, permitirá comprender, cómo responde el cuerpo humano a ese desafío.

Se emplearon dos pruebas: alimentación normal (“comer hasta permanecer cómodamente lleno”) y de alimentación máxima (“comer hasta que no pueda comer otro bocado”). En el caso de la prueba de alimentación máxima, se empleaba como mínimo, una y media (1½) pizza de tamaño grande. Esto representaba unas 3.000 calorías. Sin embargo, algunos participantes lograron consumir hasta 2 ½ pizzas, superando el número de calorías al doble. Vale destacar, que este número de calorías, difiere de las pautas estándar de ingesta calórica para adultos, en un día. De hecho, ni siquiera Michael Phelps, medallista olímpico estadounidense de natación, ingería tal cantidad en un desayuno.

Resultados obtenidos después de la alimentación máxima

  • En sangre, los niveles de glucosa no superaron los valores de una comida normal
  • Los niveles de insulina fueron un 50% mayor de los valores de una comida normal
  • Los lípidos en sangre (triglicéridos y ácidos grasos no esterificados) fueron solo ligeramente más altos (considerando que el consumo de grasa fue más del doble). Este resultado en especial, fue muy interesante. Pues en otras investigaciones, se reportaba, que los lípidos en sangre aumentan de una forma proporcional al consumo de grasa
  • Los niveles de las hormonas liberadas a nivel intestinal, para estimular la secreción de insulina y aumentar la sensación de saciedad fueron las que más cambiaron al comer en exceso

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  • Después de transcurridas cuatro horas, los participantes se sintieron con somnolencia y aletargados. Ellos además manifestaron que no deseaban consumir nada más, ni siquiera alimentos dulces. A los investigadores, les sorprendió este resultado. Debido a que se ha observado, que los centros de recompensa a nivel cerebral, son específicos para cada tipo de alimento. Los científicos concluyen, que si una persona sana, se excede de forma ocasional, no se producen consecuencias negativas. No obstante, fueron muy claros, al advertir que existen riesgos al sobrealimentarse, durante períodos prolongados.
  • El Dr. James Betts, señala: “El principal problema de comer en exceso es que agrega más energía almacenada a nuestro cuerpo (en forma de grasa), lo que puede culminar en la obesidad si come en exceso día tras día”
  • Dado que el estudio, solo incluyó personas sanas, los investigadores desean posteriormente realizar pruebas con mujeres, personas con sobrepeso y adultos mayores, para contrastar resultados.

Concluyendo

Se describió aquí, los efectos de comer abundantemente y por encima de los niveles de saciedad. La investigación realizada, con la participación de jóvenes sanos y fuertes, muestra muchos elementos interesantes. Entre ellos, se logra apreciar la capacidad de reacción de un organismo equilibrado, frente a retos ocasionales. Posiblemente, muchas personas sanas, antes de iniciar un camino hacia la obesidad, su metabolismo trabajaba armónicamente. Tal, como el de los jóvenes voluntarios, participantes de la investigación realizada por la Universidad de York.

Se debe ser muy cuidadoso de los efectos a largo plazo, de someter al cuerpo humano a la sobrealimentación.  Vale destacar, que hace más de veinte años, se determinó lo que se denominó “La cascada de la saciedad”. Este proceso, ha sido enriquecido a lo largo de los años, considerando los efectos psicológicos y fisiológicos, que controlan el apetito. Incluye, el conjunto de hormonas, que deben trabajar de una forma armónica y equilibrada, como las del hambre y la saciedad.  Se pudo observar, que una sobrealimentación, causa efectos negativos, haciendo incluso que el funcionamiento de estas hormonas pueda llegar a bloquearse.

La seguidora de Argentina, se mostró muy agradecida con la información recibida, la cual, pueden apreciar en el post. Ha comprendido muy bien, que el organismo humano prácticamente funciona como un mecanismo de reloj. Y cuando se somete a esfuerzos inadecuados, induce algunas desconexiones entre los diversos mecanismos metabólicos. Esta joven me afirmó que hará todo lo posible por mantener la integridad de su organismo, realizando ejercicios y comiendo saludable, sin incurrir en gula.  Es la forma de tener un buen estilo de vida, es lo más apropiado y recomendado para vivir feliz.

“Las personas pueden medir cuánto es demasiado combinando el registro de alimentos, el control de las porciones y la medición con la atención plena y la alimentación intuitiva. El uso de estas tácticas para aprender la diferencia entre cuando su cuerpo está lleno o satisfecho y cuando tiene hambre ayudará a reforzar cuando se consume demasiado”

Grace Derocha, dietista registrada en Blue Cross Blue Shield of Michigan

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