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☑️ ¿Puede La Hambruna Ser El Sucesor Del Coronavirus?

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Los seres humanos siempre han vivido en épocas de crisis y riesgos más o menos obvios. El sociólogo alemán Ulrich Beck describió en su libro, La Sociedad del Riesgo, en 1986, muchos elementos novedosos. Fue uno de los primeros sociólogos en plantear, con mucha precisión, muchas de las características de la sociedad actual. De hecho, plantea abiertamente, que la sociedad postmoderna asume una carga de riesgo en su propia identidad. Es decir, “encierra una grave contradicción: el peligro de supervivencia de la especie”.

A veces, quienes poseen posiciones que alertan acerca de atrever a moverse de la “zona de confort”, son incomprendidos. Sin embargo, este sociólogo hace 34 años, visualizó de una forma brillante ciertos elementos que hoy, marcan muchas realidades. Como, por ejemplo, el hecho de que la ‘rentabilidad’ del sistema corre el riesgo de la incertidumbre. Es decir, no considera los peligros ni para la especie humana, ni para la ecología. Simplemente, es un sistema guiado por la obtención de beneficios.

De acuerdo al Índice Global del Hambre (GHI) de 2019, muchos países poseen niveles de hambre más altos que en 2010. Este año adicionalmente, a la crisis global alimentaria, se suma la pandemia del COVID-19. Como se sabe y se ha vivenciado, muchos efectos, producidos por esta enfermedad, se han sentido en todas partes del mundo.

Este tema tan delicado, surge por la inquietud de muchos lectores. Ellos han comenzado a expresar preocupación, por situaciones que se viven en la actualidad. Pues existen muchas empresas que ya no están laborando. Solo en los Estados Unidos muchas empresas minoristas han confirmado que al menos 4.300 tiendas están programadas para cerrar este año. De esta forma honrando estas inquietudes, elaboré un sencillo escrito, tomando como fuente, las opiniones y análisis de algunos expertos.

¿Cuáles son los principales impactos ambientales ocasionados por la agricultura?

Para ir organizando un poco el panorama que se desea resaltar, se destacan de inicio, algunas cifras relevantes. Las mismas, fueron extraídas de publicaciones realizadas por El Laboratorio De Datos De Cambio Global (The Global Change Data Labs). Esta, es una institución de beneficencia, para el sector educativo registrada en Inglaterra y Gales. Y trabajan en coordinación y colaboración con investigadores de la Universidad de Oxford, Inglaterra.

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  • La producción de alimentos representa más de una cuarta parte (26%) de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero
  • El 70% de las extracciones mundiales de agua dulce se utilizan en la agricultura
  • El 78% de la eutrofización global de los océanos y el agua dulce (es decir la contaminación realizada por fertilizantes, ganadería o residuos orgánicos) es causada por la agricultura
  • La mitad de la tierra habitable, es decir la que no está congelada o desertificada se emplea en la agricultura
  • El 94% de la biomasa de mamíferos, sin incluir al hombre, corresponde al ganado. Este porcentaje, indica, que el ganado supera a los mamíferos salvajes en un factor de 15 a 1,4.
  • De acuerdo a La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) existen 28.000 especies animales amenazadas de extinción. Según un instrumento elaborado por esta institución, denominado Lista Roja, 24.000 de ellas son amenazadas por la agricultura y la acuicultura

Estas cifras globales, muestran que la producción de alimentos, es un centro neurálgico para el enfrentamiento del cambio climático. Según la FAO, esto pudiera lograrse mediante la reducción de la degradación de los recursos hídricos superficiales y subterráneos. Por ello, la producción de alimentos debe ser encaminada de una forma sustentable.

Una pequeña radiografía dejada al descubierto por el COVID-19

De acuerdo al panel internacional de expertos en sistemas alimentarios sostenibles (IPES-Food) la crisis de salud de COVID-19 ha provocado una crisis económica. Y para ellos, esto está incrementando aceleradamente, una continua crisis de seguridad alimentaria y nutrición.

Subrayan, que en pocas semanas, el COVID-19, permitió que se observara, una realidad profundamente arraigada en los sistemas alimentarios mundiales. Ello incluyó, sus inequidades, fragilidades y riesgos, llevándolos a un punto de colapso.

Es importante caer en cuenta, que los sistemas alimentarios llevan décadas haciendo malabarismo en una cuerda floja. De esta forma se logró destacar durante la pandemia, ciertas debilidades:

  • Muchos niños alrededor del mundo, proveen su alimentación principal en la escuela
  • Algunos países han prohibido exportar alimentos a países que dependen de ellos, es decir se han realizado bloqueos o interrupciones en el flujo de los alimentos
  • Muchos asalariados agrícolas y grandes cantidades de familias, de las zonas con mayor pobreza, han perdido sus ingresos
  • Muchos inmigrantes, asalariados agrícolas no pueden adquirir muchos productos debido al incremento de los mismos
  • Se han presentado incrementos insostenibles del costo de la vida.
  • Se ha paralizado el flujo de suministros en el mercado, generado por efecto de su capacidad para reabastecerse
  • Las compras nerviosas de muchas personas, rebasó la capacidad de reabastecimiento de los supermercados, debido a la centralización de los sistemas de distribución
  • Los bloqueos han permitido mostrar, que gran cantidad de asalariados agrícolas, poseen poco acceso a servicios de salud y bienes esenciales
  • Se han impuesto restricciones para realizar viajes largos, en busca de solventar la escasez crítica de trabajo en diversas zonas de producción agrícola actualmente deprimidas

Las desigualdades ocasionan debilidad social 

De acuerdo a David Beasley, Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA), mucho de lo que ha salido a la luz pública, ha permitido ver grandes errores de fondo. No solo, en los sistemas alimentarios, sino además en los sistemas de salud a nivel mundial. De esta forma, muchos de los efectos negativos provocados por COVID-19 han demostrado la fragilidad del acceso de las personas a bienes y servicios esenciales, permitiendo que se perciba con claridad, la presencia de profundas desigualdades e iniquidades.

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Esto lleva a este experto a pensar, que muchas de las debilidades de fondo que se han detectado, probablemente se agudicen más con el cambio climático.

De acuerdo al PMA, 821 millones de personas se acuestan con hambre todas las noches en todo el mundo. Incluso acotan, que existen unos 135 millones de personas enfrentando niveles de crisis de hambre o peor. Y si se suman 130 millones que, debido al Coronavirus, podrían ser llevadas al borde de la inanición para fines de 2020., se logra totalizar 265 millones de personas.

¿Qué relación tienen las enfermedades con la producción agrícola tecnificada?

Uno de los mayores descalabros ocasionados por la agricultura tecnificada e industrial, es la pérdida de hábitat de ciertas especies. La ganadería intensiva, incrementa los riesgos de enfermedades nuevas. Sobre todo, porque irrumpe en los espacios naturales, creando las condiciones para que los virus hagan su aparición en sitios diferentes a su hábitat natural y se propaguen.

Este desbordamiento zoonótico (enfermedades transmitidas desde los animales), es ocasionado por una compleja trama de dinámicas que interrelacionan el hábitat humano y el natural. Muchas veces, de esta interrelación depende si este desbordamiento llega a convertirse en un sencillo brote o en una pandemia.

La ganadería intensiva, suele confinar grandes lotes de ganado en pequeños espacios. Aparte de ello, el ganado posee poca variabilidad genética y es renovado rápidamente. También se observa, que cada vez más sus espacios bordean ecosistemas naturales, debido a la expansión de la ganadería

Por otro lado, los riesgos se hacen cada vez mayores, por el incremento de la interacción entre el hombre y animales silvestres, lo cual, puede llegar a incrementarse por la destrucción del hábitat. Esto se debe, principalmente por efecto de la agricultura comercial, así como la ocupación de tierras, fuentes de agua y proyectos de urbanismo.

La disponibilidad de agua para la agricultura es importante ya que alrededor del 90% del agua se usa para fines de riego en muchos países. Con las condiciones climáticas cambiantes, la disponibilidad de agua afectará la producción agrícola y ganadera.

¿Cuáles preocupaciones ha ocasionado la pandemia sobre el sistema alimentario?

1. Interrupción de la cadena de suministros

Un hecho observado, con mucha preocupación ha sido el de la interrupción de los sistemas alimentarios. Esto incide negativamente y de forma muy veloz, sobe la seguridad alimentaria. Durante la pandemia, se ha observado una gran afectación en los canales de distribución de alimentos a lo largo de todos los países. Esto ha generado consecuencias adversas, en especial para los más vulnerables. Dentro de esas consecuencias destacan:

  • Pérdida de ingresos, por parte de los trabajadores, muchos de ellos, con permisos temporales por ser extranjeros. Para nadie es un secreto, que la gran mayoría de las personas que cosechan los alimentos de Estados Unidos son inmigrantes.
  • Según el Departamento de Agricultura, aproximadamente la mitad de la mano de obra de los cultivos de los Estados Unidos, procede de más de un millón de trabajadores agrícolas indocumentados.A muchos de ellos se les otorgó por medio del Departamento de Seguridad Nacional, una carta provisional que los consideró esenciales para la cadena de suministros.
  • Disminución de la capacidad o el cierre de instituciones que apoyan las redes de seguridad social alimentaria. Dentro de los más conocidos, los programas de alimentación escolar y los bancos de alimentos.
  • Grandes volúmenes en pérdidas de leche, frutas y vegetales, debido a la incapacidad de los agricultores o empresarios para transportarlos. Sobre todo, desde los centros de producción, hasta los mercados locales o supermercados ubicados en los centros poblados más cercanos

2. Restricción de la disponibilidad laboral

En muchos sitios, se ha originado un déficit importante de la mano de obra del sector agroalimentario. Se han observado muchas restricciones, ocasionadas por la medida de cuarentena, esto incluye, contaminación o decesos ocasionados por el COVID-19. Incluso, el cierre de muchas fronteras, ha impedido la movilización de trabajadores de un país a otro.

Esto ha impactado, sobre todo, la producción de alimentos de consumo fresco como hortalizas, frutos y lácteos Y se pudo comprobar, que los requerimientos en estos rubros, dependen mucho de la estacionalidad. De no resolverse adecuadamente esta situación, podría acarrear graves consecuencias en el mediano plazo.

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3. Sostenibilidad de los sistemas productivos

La situación vivida con el COVID-19, pone en duda las formas de producción altamente dependientes de mano de obra contratada. Esto lleva a idear estrategias que logren mejorar algunos sistemas, con independencia de la mano de obra excesiva. Algunos países están mirando atentamente cómo muchos países han logrado mantener cierto flujo de alimentos, mediante redes de pequeñas granjas autosuficientes con empleo de mano de obra familiar.

De acuerdo a la ONU, unos 500 millones de pequeñas granjas en todo el mundo, alimentan una gran población. La gran mayoría de esas granjas realiza producción de secano, es decir dependen de las lluvias y no poseen sistemas de riego. Y aún así, logran proporcionar hasta el 80% de los alimentos que se consumen en los países en vías de desarrollo.

Una forma inteligente de prevenir el hambre a nivel mundial, tendría que necesariamente tomar en cuenta los pequeños agricultores. Es decir, invertir en ellos, desde el punto de vista financiero y tecnológico. De acuerdo a la ONU, desde que comenzó el siglo 20, se ha visto desaparecer un 75% de la diversidad de cultivos.

De acuerdo a los científicos e investigadores un empleo más eficiente de la biodiversidad agrícola puede ser fundamental. Sobre todo, por su contribución con la obtención de alimentos más nutritivos, y el apoyo para que los sistemas agrícolas sean más resistentes y sostenibles. Esto indudablemente, conllevará a una mejora de la calidad de vida de muchas comunidades agrícolas desasistidas alrededor el mundo.

Muchos organismos internacionales, coinciden en que invertir en pequeños agricultores es una estrategia sustentable de aumentar la seguridad alimentaria. Esto incluye, dotar de una adecuada nutrición para los más necesitados, además de incrementar la producción de alimentos, los cuales con la participación de hombres y mujeres podrían abastecer los mercados locales e internacionales.

4. Interacción y conectividad del sistema agrícola

Algo que se ha observado durante la pandemia de COVID-19, es el impacto sobre las relaciones internacionales. Esto, incluso, está separado de las restricciones por el concepto del acceso de mano de obra entre fronteras. Así de esta forma, se han observado anuncios que restringen las exportaciones, limitando así el intercambio agroalimentario, lo cual, ha imposibilitado los intercambios comerciales.

Dada la interconexión internacional, existente en el sector agroalimentario, se observa una alta vulnerabilidad. Por ello, los cierres bruscos realizados, limitan la búsqueda en el corto plazo de insumos domésticos adecuados.

Sin embargo, esto podría propiciar a futuro una menor dependencia de las cadenas de valor agroalimentarias mundiales. De hecho, muchos países se encuentran explorando la obtención de mayor “soberanía alimentaria” doméstica. Ello permitiría, hacer frente a muchas preocupaciones acerca de la seguridad alimentaria interna de cada país, en respuesta al COVID-19.

De acuerdo a los expertos, dichas acciones, generan serias implicaciones en el actual sistema globalizado de comercio agroalimentaria, siendo a su vez, uno de los impactos potenciales con mayor importancia dentro del sistema agroalimentario actual.

Concluyendo

De acuerdo a la FAO, el impacto de la pandemia implica un riesgo sistémico, que pone a prueba muchos esfuerzos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Los mismos, fueron acordados el 2015, por los líderes mundiales. Se trató de “una serie de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos”.

David Beasley, Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU (PMA) afirmó a inicios de abril, que el impacto económico de la pandemia a fines de 2020 podría exponer unos 265 millones de personas. De hecho, equivaldría casi al doble de lo que se vivió el año pasado. De acuerdo a este experto, los impactos económicos y para la salud de COVID-19 son más preocupantes en algunos países. Tales como algunos ubicados en África y Medio Oriente.

Sin embargo, no todos los expertos tienen una visión tan alarmista. De esta forma, para otros, la crisis ha ofrecido una visión de los sistemas alimentarios novedosa y más resistente. Esto ha tomado fuerza, considerando iniciativas de muchas comunidades alrededor del mundo. Esto les ha permitido, cerrar las brechas en los sistemas alimentarios, lo cual ha permitido, solventar algunas situaciones.

Un buen ejemplo se tiene en un documental realizado por la FAO. llamado “Recuperación sostenible post-COVID-19: el rol de la agricultura y las zonas rurales”. Este material fue compartido por las redes el 25 de junio de 2020. Y según los expertos, más que la recuperación de los sistemas alimentarios, se trata de lograr una recuperación rural sostenible.

Muchos registros históricos, han logrado mostrar que las crisis, promueven cambios. Las mismas, podrían fomentar cambios permanentes y ayudarnos a frenar las crisis. Sobre todo, si se toman como punto de partida para una transformación profunda de los sistemas alimentarios globales actuales.

“Así que hoy, con COVID-19, quiero enfatizar que no solo estamos enfrentando una pandemia mundial de salud sino también una catástrofe humanitaria global. Millones de civiles que viven en naciones afectadas por conflictos, incluidas muchas mujeres y niños, se enfrentan a ser empujados al borde del hambre, con el espectro de la hambruna como una posibilidad muy real y peligrosa”

David Beasley, Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU

Declaración ante Consejo de Seguridad de la ONU (21 de abril de 2020)

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